PINTOR, DIBUJANTE Y ESCULTOR. AUTODIDACTA. PROVOCADOR. SOBRE TODO PROVOCADOR.

Carlos Gonzalo (Madrid, 1942) vuelve a su ciudad natal después de 14 años sin exponer en la capital.

“Creativo más que productivo”, como él mismo reconoce, en esta ocasión reúne una colección dibujística en blanco y negro que incluye algunas aguadas recientes y otras que forman parte de la serie “Los desastres de la paz”, con la que en 1964 el Sindicato Democrático de Estudiantes Universitarios (el combativo SDEU) organizó una exposición itinerante en contestación a la campaña “25 años de paz”, ideada por el entonces ministro de Información, Manuel Fraga. Una exposición que pronto sufrió el acoso de la censura y que a su paso por la facultad de Ciencias de Barcelona provocó un sonado altercado: el rector, amparado por la policía franquista, secuestró varios dibujos y los estudiantes, a su vez, secuestraron al rector.
Como contrapunto a esta antología de tintas chinas se muestran tres lienzos desbordantes de color pertenecientes a tres etapas definitivas en la obra de Carlos Gonzalo. Entre ellos, el primer cuadro pop presentado en España y que, junto a sus happenings e instalaciones, le convirtieron en el artista español más vanguardista de la década de los 60, cuando de él se llegó a escribir que “lleva la acción a tal límite de terrorismo, gracia, fealdad y gloria que, a partir de aquí debe empezar el apocalipsis”. Una segunda obra fechada en los años 80, una vez trasladado ya su estudio al pueblo abulense de Piedralaves (“No creo en el individuo, tan alienado por la televisión, el brazo armado e intelectual del capitalismo. Solo creo en la Naturaleza –afirma al respecto-, por eso vivo en el campo”) y que está protagonizada por la figura de un caballo sobre fondo multicolor que representa, más que un juego estético, una huida. Y un tercer lienzo, el más reciente y más íntimo, en el que junta a tres de sus hijas.

Completan la exposición varias piezas escultóricas de hierro, sintomáticas de su interés por no hacer siempre lo mismo. “No me gusta repetirme”, explica, “que es lo que hacen el 90 por ciento de los artistas a partir de la Segunda Guerra Mundial, cuando se impuso la publicidad y el consumo. A mí me gusta provocar”.
Y a provocar es a lo que se dedica desde que con 19 años protagonizó sus primeras exposiciones individuales en Madrid y París. A partir de entonces, su trayectoria personal discurre paralela a los acontecimientos sociales y culturales del momento. “Yo soy muy consciente de que somos responsables de lo que ocurre a nuestro alrededor”, asegura quien siempre traslada su actitud política a su arte.
Así, en la década de los 60 pone en marcha el primer taller de serigrafía artística en España, en torno al cual se organizan un grupo de creadores e intelectuales contrarios a la dictadura del general Franco. En la misma década ejecuta junto a Alberto Greco, pintor argentino creador del “Vivo Dito” o arte vivo señalado, una muy personal plasmación del happening en diversas actuaciones públicas. Asimismo, crea el “Pan Arte”, ismo que se articula en torno a la idea de que “todo es arte”, y alcanza uno de sus momentos culminantes en 1967 cuando, “comprobada la inutilidad de la pintura y, por tanto, de las exposiciones”, opta por vaciar una galería e incitar a los asistentes a “que se mirasen a ellos mismos, a sus zapatos y a cualquier objeto susceptible de ser una obra artística”.
En los 70 potencia la utilización de todos los procedimientos expresivos a su alcance, tanto pictóricos y escultóricos como de índole no convencional, y expone su obra en diversas ciudades españolas, así como en Suecia, Italia, Francia y Holanda.

Entre 1975 y 1977 da clases en la escuela de Artes y Oficios de Palma de Mallorca a un reducido grupo de estudiantes, entre los que se encuentra Miquel Barceló, pero su metodología y sus opiniones políticas provocan su expulsión a pesar de contar con el apoyo del alumnado.
En 1986, con motivo del Año Mundial de la Paz, pinta una obra conmemorativa para el gobierno de Polonia, que a su vez la dona a la sede de la ONU en Nueva York. Dos años después es elegido presidente de Artistas por la Paz y participa como artista plástico en la Dirección Internacional de PAND (a favor de la Paz y el Desarme Nuclear) junto al cantante Harry Belafonte, el escritor Günter Grass, el cineasta Woody Allen y el dramaturgo Darío Fo.
En 1989 se realiza la primera gran muestra antológica de la obra de Carlos Gonzalo en la galería Taoro de Valencia. En 1990 es el Museo de Ávila el que acoge una exposición de estas características, junto a otra de obra gráfica en el Torreón de los Guzmanes de la misma ciudad. Entre octubre de 1991 y febrero de 1992 protagoniza su tercera antología, en esta ocasión en la galería Tani de Madrid, junto al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.  En el 2008 expone en la Red Star Gallery  de Pekín coincidiendo con los Juegos Olímpicos.
En los últimos años sus obras han viajado, entre otras ciudades, a Mallorca, Sevilla, Moscú, Nueva York, Barcelona, Fránfort, Málaga o Madrid, a donde ahora regresa después una larga ausencia y más de medio siglo de provocación.
por Juan Varela, periodista y gestor cultural.